«Desde que tengo memoria» siempre quise conocerme profundamente, explorar las fronteras de lo que soy, lo que puedo llegar a ser, experimentar, sentir, saber… lo que me ha llevado a tener una experiencia muy diversa y profunda, interna y externamente.
Querer comprender la naturaleza de la Realidad, de la experiencia, de la mente, qué es ser humano, qué es vivir, qué es morir, por qué surgen las limitaciones y cómo trascenderlas… quién soy… lo que luego entendí como el pulso natural de Autorrealización en cada uno de nosotros.
Estuve años en la carrera de la automejora, ser mejor, hacer mejor, tener mejor, ser más… que luego vi que era desde un lugar de autorechazo o rechazo a lo que es. En el medio, tuve muchas experiencias trascendentales, aún así, al tiempo de esas experiencias, aunque cada vez menos, seguía estando en la carrera de ser algo diferente a lo que era, y por más que lograra, supiera, tuviera, seguía sufriendo, seguía queriendo controlar, seguía con miedo. Y da igual cuanto sufras, «poco» o «mucho», sufrimiento es sufrimiento.
Hasta que me di cuenta que esto va de bienvenirlo todo, de amarlo todo. Que amarme a mí misma es amar lo que es, que cuando no amo, sufro, y que sufro por lo que creo, no por lo que es. Que el sufrimiento también es bienvenido cuando es lo que está siendo —con la sabiduría que atesora cuando uno se abre a él—, y que libertad, es otra palabra para amor.
Desde entonces, estoy totalmente abierta a permitir y facilitar que la Verdad se siga revelando en mí, atendiendo con honestidad todo lo que va sucediendo en mí. Desde este lugar sirvo y facilito, a quien también quiera vivir libre, completo, descansando y amando lo que es, sea cual sea la circunstancia donde se encuentre y donde «quiera estar».
Amar lo que es, es totalmente compatible con expresar tu máximo potencial en la vida, es vivir la plenitud de la vida. Una mente abierta dispuesta a cuestionarse con honestidad lo que cree saber, es todo lo que se necesita.
Darse cuenta de que no hay nada que esconder bajo la alfombra, de que todo puede afrontarse y mirarse honestamente sin huir, esconderse o fingir —dentro y fuera de nosotros— es entrar en un universo amable, es por fin descansar en la libertad de ser lo que eres, pura apertura y disponibilidad.
